Mapa de Peñas Flamencas de Madrid

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Mapa de P E Ñ A S F L A M E N C A S de Madrid

Listado de Peñas

LAS PEÑAS FLAMENCAS DE MADRID Y LA HERENCIA QUE NADIE QUISO RECLAMAR

Las peñas flamencas de Madrid que nacieron con la migración de posguerra y de transición forjaron la identidad de la periferia. Hoy, la falta de relevo generacional, apoyo institucional, la especulación inmobiliaria y la pérdida de identidad borran paulatinamente el mapa del cante jondo de la capital.

El fin de semana era el punto de partida. Tras la jornada laboral, los aficionados al cante jondo acudían a sus peñas en su día de espectáculo; si tenían tiempo, acudían a la del barrio vecino, sobre todo si se personaban por el lugar figuras profesionales del flamenco.

Entre olor a Brumel y aperitivos de oreja, los señores discutían con fino o moscatel sobre el cante o alguna novedad en el barrio; las señoras, muy pintiparadas y más centradas en los cuidados, hablaban sobre sus artistas favoritos, el coste de la vida y los trucos para sortearla. Después de las presentaciones, comenzaba con sepulcral silencio el espectáculo flamenco.

Así eran las liturgias en las peñas flamencas de Madrid, las cuales constituyeron uno de los principales espacios de transmisión de la cultura flamenca y folclórica de las comunidades migrantes asentadas en la periferia de la capital durante las últimas décadas del siglo XX.

Estos espacios fueron creados principalmente por personas procedentes de la mitad sur de España, en su mayoría de provincias interiores de Andalucía, como Jaén o Córdoba; de comunidades como Extremadura o Murcia; y de provincias manchegas como Ciudad Real o Albacete. También se nutrían de madrileños aficionados al cante jondo, por lo que eran espacios bastante heterogéneos.

Era todo un acontecimiento que dinamizaba los barrios y su música. En Madrid habrían podido crearse más de 50 peñas flamencas repartidas por toda la Comunidad Autónoma, según los datos recabados en nuestra investigación. El periodo de máximo auge se extendió entre las décadas de los 80 y 90, cuando llegaron a convivir en la región alrededor de 30 peñas simultáneamente.

“Vallecas, y concretamente el eje de laAvenida de la Albufera, adquirió una relevanciaparticular para el desarrollo de las peñas flamencas”

Después comienza una progresiva desaparición a partir de los años 2000 por múltiples causas como el encarecimiento de los alquileres de los locales, la falta de relevo generacional o la falta de apoyo institucional. El cinturón obrero sur y sureste metropolitano de Madrid (Villa y Puente de Vallecas, Corredor de Henares, San Blas, Vicálvaro, Villaverde, Leganés, Alcorcón…) fue uno de los principales puntos de encuentro donde estas peñas flamencas, formalmente inscritas en su mayoría como asociaciones culturales, desarrollaron su actividad llevando consigo el cante flamenco o cante jondo y el folclore andaluz o folclore ibérico sur.

La antesala a la creación de estos espacios debe entenderse dentro del gran éxodo rural de posguerra en España entre 1950 y 1975, cuyos migrantes ocuparon los trabajos vinculados a la construcción, la industria y los servicios. Unos sectores que estaban altamente ligados al flamenco como expresión cultural y popular de su tiempo. El chabolismo y las casas bajas de la periferia de Madrid criaron a una hornada de flamencos que después se desarrollarían en las peñas.

Vallecas, y concretamente el eje de la Avenida de la Albufera, adquirió una relevancia particular para el desarrollo de las peñas flamencas de Madrid. Barrios como Entrevías, El Pozo del Tío Raimundo o el Pueblo Vallecas generaron contextos propicios de intercambio y celebración, ya fuera en locales o en patios vecinales, en donde figuras del cante reconocidas se dejaban ver fuera de los circuitos profesionalizados como los tablaos de la almendra central madrileña.

La peña flamenca: entre la cantera local y el elenco del éxodo

Una peña flamenca es una asociación o entidad cultural, generalmente sin ánimo de lucro, formada por miembros asociados y aficionados que se reúnen periódicamente en torno al cante, toque y, en ocasiones, el baile y la poesía recitada. Su actividad puede darse principalmente en forma de sesión flamenca en torno a un tablao, además de recitales, tertulias, festivales, concursos, días de socios o encuentros informales. Es una entidad con un carácter asociativo y que forma parte del tejido vecinal.

Las figuras principales suelen ser un guitarrista fijo y un cantaor itinerante. Dependiendo del grado de profesionalización de las peñas, se contrataban figuras del cante jondo instalados en Madrid o figuras que residían fuera de la capital (Salako de Córdoba, Fosforito, El Cabrero o Salmerón eran cantaores asiduos, la mayoría ya afincados en Madrid).

Otras peñas menos profesionalizadas se nutrían de los miembros socios aficionados al cante para completar sus programaciones. Esto hacía que las propias peñas generasen su propia cantera, por lo que se convertían en transmisores del flamenco y folclore andaluz para su comunidad, utilizando el espacio o local de las peñas como escuela de cante y toque. Algunas cantaoras actualmente profesionalizadas que se han curtido en estas peñas han sido Filo de los Patios o La Naty de Vallecas. Entre los guitarristas destacados se encuentran Juan de Madrid o Pepe Núñez, este último aún en activo.

La cantaora Filo de los Patios (Madrid, 1986), criada en el seno de la Peña San Blas – Vicálvaro (presidida durante 18 años por su padre Mariano Auñón), afirma que “cuando se contrataban cantaores profesionales, éstos solían actuar en la segunda parte del espectáculo”. Uno de ellos fue el maestro granaíno Enrique Morente, donde siendo una niña le recuerda “envolviendo el ambiente cuando cantaba”, un momento que sin duda marcaría a la vallecana en sus deseos de ser cantaora.

Peñas Flamencas de Madrid: mapa interactivo y archivo digital de la historia, artistas, carteles y patrimonio del flamenco popular madrileño. Peña Flamenca Enrique Morente de Madrid. Mapa de Peñas Flamencas de Madrid.
El cantaor Paco Manchego y el guitarrista «El Niño Gastor», en la Peña Flamenca Enrique Morente de Madrid.

La periodicidad de la celebración de los espectáculos de las peñas, encuentros o tertulias flamencas se concentra en una cita semanal. Hay otras peñas que, dependiendo de su estado de salud o gestión de sus recursos, se reúnen en periodos quincenales, mensuales o bimensuales.

Eran y son espacios principalmente para los aficionados al flamenco y sus socios. Este conocimiento comunitario hacía que las peñas tuvieran una función pedagógica que se extendía al público. Una persona que asistía regularmente aprendía a distinguir una soleá de una seguiriya, una malagueña de una taranta o una bulería de unos tangos. Se aprendían los códigos de escucha: saber guardar silencio o cuándo acompañar con palmas. El conocimiento y las opiniones circulaban por las mesas, la barra, los ensayos y las conversaciones anteriores y posteriores a las actuaciones.

10 kilómetros de Vallecas a San Blas

No pocas eran las veces que algunos parroquianos coincidían asistiendo a distintas peñas los fines de semana. Como si de un tour se tratase, Antonio Nájera, el expresidente de la Peña Salako de Córdoba y de la Asociación Cultural del Cante de Vallecas Villa, comenta que “el viernes noche teníamos espectáculo en nuestra peña, sábado noche visitábamos la peña de Salako y el domingo por la mañana cogíamos la ‘vanette’ para ir a la de San Blas”, nos comenta con un puro Farias en la mano a sus 78 años. Y no era el único, muchos lo hacían casi como una especie de peregrinaje o una forma de cuidar la escena.

La solidaridad y el contacto entre peñas eran constantes, ya que presidentes, aficionados y muchos de estos nuevos talentos las recorrían para establecer lazos y dar apoyo. Los presidentes de éstas solían hacer también de programadores, buscando talentos para crear sus propios festivales con cantaores y guitarristas de otras peñas, y muchas veces se contrataban cantaores profesionales cuyo coste salía de la caja común, de las rifas, de socios realmente comprometidos o directamente de los presidentes.

“Las peñas creaban una programación culturalparalela al circuito comercial flamenco”

Estos festivales solían coincidir con los aniversarios fundacionales o con las fiestas patronales del barrio o ciudad en el que se ubicaban. Las peñas creaban una programación cultural paralela al circuito comercial flamenco.

No funcionaban como entidades aisladas. Por ejemplo, lo que pudiera acontecer en los corrillos flamencos de los patios del Pueblo Vallecas, después se comentaba en los circuitos de las peñas. Así, mucho del talento que aún no había dado el paso para ingresar en una peña llegaba a esta como un escalón previo para su posterior profesionalización en tablaos.

Los responsables de las peñas no solo actuaban como programadores culturales, sino que negociaban condiciones, preparaban carteles, organizaban rifas, buscaban patrocinadores en los comercios locales y contactaban con otras entidades. También se establecían lazos con asociaciones vecinales, casas regionales, centros culturales y ayuntamientos.

Peñas Flamencas de Madrid: mapa interactivo y archivo digital de la historia, artistas, carteles y patrimonio del flamenco popular madrileño.
Carnet de socio de la Peña Flamenca Los Cabales

Las peñas flamencas habitualmente suelen tener un local en donde realizar sus actividades. Otras veces las casas de Andalucía, casas del pueblo o centros cívicos o culturales de los barrios y ciudades cedían su espacio a la peña o cumplían la función de sede de la peña para alojar los eventos de las asociaciones.

El local de la peña flamenca no era solamente un escenario, también era escuela y lugar de reunión para manualidades relacionadas con la decoración del tablao, organización de excursiones a eventos flamencos como festivales de cante como La Mina o peregrinajes como El Rocío. Sus paredes conservaban la memoria del cante jondo con fotografías, carteles, recuerdos de artistas, farolillos, trofeos y dedicatorias.

El folclore, al margen del flamenco, y las peñas, a los márgenes de los tablaos

La peña flamenca es un fenómeno que se distingue de los tablaos, ya que las peñas son asociaciones que no tienen ánimo de lucro. Su actividad no se articula como espectáculo y actividad económica, no nacen como un negocio, son concebidas como un espacio de transmisión cultural, encuentro de aficionados del cante jondo y apoyo vecinal; nacen de una lógica comunitaria y de asociacionismo popular.

Se encontraban generalmente en los márgenes de las localidades colindantes a la M-30 y M-40, aquellas donde se instaló toda la clase obrera en la posguerra y transición.

En cambio, los tablaos se situaban y siguen encontrándose en el centro de Madrid, herederos algunos del espíritu de los cafés cantantes del siglo XIX. Los tablaos fueron auspiciados por la mirada turística y exotizante -especialmente británica y centroeuropea- sobre el flamenco y la cultura gitana. También tuvieron, a grandes rasgos, cierta permisividad en el franquismo debido a la utilización del flamenco y la gitanería como elemento de representación cultural y estrategias turísticas en su afán de blanqueamiento político y de mejorar la imagen internacional de España.

Peñas Flamencas de Madrid: mapa interactivo y archivo digital de la historia, artistas, carteles y patrimonio del flamenco popular madrileño. Bailaora - Peña Flamenca Salako de Córdoba (Antonio Nájera, 1989)
La bailaora Maripaz Alegre con traje de maja – Peña Flamenca Salako de Córdoba. Antiguo Bar Milano en el Pueblo Vallecas (1989).

“Una diferencia etnocultural de las peñas respecto a los tablaos es la inclusión de manifestaciones y cantes folclóricos, algunos limítrofes con el flamenco, que se resisten a su fagocitación por parte de un relato hegemónico, que tiende a integrarlos en su árbol genealógico.”

Muchos de los tablaos parecen haber mostrado una mayor capacidad de supervivencia (también por su modelo económico y situación estratégica distinta a la de las peñas). Sobrevivieron mejor la oleada de cierre de locales en los 90 debido a las restricciones durante la alcaldía de Álvarez del Manzano, según escribió el periodista Juan Carlos San para El País en 1993. Aunque podríamos afirmar que el turismo ha apuntalado la supervivencia de los tablaos en el centro de Madrid en las últimas dos décadas.

Una diferencia etnocultural de las peñas respecto a los tablaos es la inclusión de manifestaciones y cantes folclóricos, algunos limítrofes con el flamenco, que se resisten a su fagocitación por parte de un relato hegemónico, que tiende a integrarlos en su árbol genealógico. En estos espacios conviven estilos como los campanilleros, fandangos abandolaos (verdiales, rondeñas, jaberas…), fandangos de Huelva (de Alosno, Calañas…), malagueñas, seguidillas, serranas, sevillanas, temporeras y trilleras. De forma ocasional, cuando el espectáculo se celebraba en alguna casa regional, podían asomar alguna jota (segureña, cordobesa, velezana, extremeña o manchega), junto con otras formas de tradición oral vinculadas a una herencia folclórica y etnocultural ibérica transmitida a lo largo de generaciones.

Esta dimensión también alcanzaba las prácticas religiosas: en muchas peñas estaban presentes el peregrinaje, las romerías y el culto a las advocaciones marianas, incluso muchas clausuraban sus veladas con una Salve Rociera.

¿Efecto 2000 en las peñas flamencas de Madrid?

España se acelera y con ella aparecen muchos procesos agresivos en detrimento de las peñas: globalización en contra de lo local, desarraigo de lo cañí, estigmatización de las peñas y la predominancia de la cultura anglosajona que impregna todo. Dejamos de pagar en pesetas, aumenta el coste de la vida y poco a poco muchos de los promotores de este ecosistema también empiezan a retirarse, bien a sus pueblos o bien se han echado un último cante por peteneras.

Parte de los principales motivos de su progresiva minoración desde los años 2000 han sido las dificultades debido al encarecimiento de los costes de alquiler, procesos como la gentrificación de los barrios, falta de relevo generacional, pérdida de interés público y ausencia de apoyo institucional para proteger este patrimonio cultural.

“Según los datos de este estudio, el 80 % de las peñas flamencas de Madrid documentadas ya no están activas”

Del total de las 48 peñas documentadas, unas 10 siguen en activo, algunas con celebraciones quincenales o incluso mensuales. Podríamos reducir a 3 las peñas que gozan de un estado de salud óptimo: Salmerón-La Uvita de Alcorcón, la Tertulia Flamenca Antonio Mairena de Aranjuez y la Peña Flamenca Duende de Vallecas; siendo esta última la que mantiene unas dinámicas más parecidas a las de una peña tradicional. Consideramos óptimas aquellas que tienen programación regular mensual con cantaores profesionales, afluencia y actividades para socios. La década con más fundaciones o primeras actividades documentadas es la de 1990, con 14 casos, entre ellas la Asociación Cultural del Cante de Vallecas Villa y la Peña Flamenca Duende.

A partir del año 2000, podemos contabilizar 20 ceses de actividad (14 de ellos con año exacto documentado). Aquí la problemática principal ha sido la falta de registro administrativo en algunos casos y, en otros, la brecha digital; muchas peñas no crearon perfiles en internet, por lo que lo único con lo que podemos confirmar su existencia es a través de su aparición en carteles o en testimonios de los entrevistados. En términos generales, podríamos afirmar que ha desaparecido un 80 % del total.

Un futuro incierto: el mapa del cante jondo se apaga

Podemos interpretar que aquellas que han podido resistir a día de hoy han sido porque han encontrado un espacio fijo para poder realizar sus actividades sin interferencias especulativas. El coste de los alquileres y la falta de ayuda institucional en muchos casos ha provocado el peregrinaje de sede de muchas de las peñas. Esta itinerancia se desvincula del tejido local y saca de contexto a sus parroquianos.

La ausencia de nuevas propuestas también puede haber provocado un desinterés en el público general. El guitarrista Pepe Núñez de la Peña Flamenca Duende apunta a una falta de reciclaje dentro de éstas, argumenta que “los aficionados que van siempre a sus peñas hacen los mismos cantes constantemente, no se abren a contratar a cantaores profesionales y la gente no va a ir a una peña a ver a aficionados”, además apunta que “antes había 30 o 40 espacios simultáneamente en Madrid donde hacer o escuchar flamenco, antes la gente de las peñas se juntaba más”.

Peñas Flamencas de Madrid: mapa interactivo y archivo digital de la historia, artistas, carteles y patrimonio del flamenco popular madrileño. Mariano Auñón y Pepe Núñez (Peña Salako de Córdoba) - Feria de Andalucía en Madrid (Casa de Campo, 1989)
Mariano Auñón y Pepe Núñez representando a la Peña Salako de Córdoba en la Feria de Andalucía en Madrid celebrada en Casa de Campo en 1989.

Otra de las causas de su delicada situación actual es la falta de relevo generacional. Las peñas flamencas de Madrid no están consiguiendo que los hijos e hijas de promotores y aficionados a estas entidades se sientan atraídos por formar parte de las asociaciones, bien por una falta de interés cultural o también podríamos apuntar a un progresivo desarraigo cultural.

El nacionalismo centrípeto madrileño ha fagocitado la identidad de los hijos de migrantes procedentes de otras regiones del Estado. Muchos de los descendientes de los andaluces o extremeños nacidos en Madrid se identifican más con ser madrileño, justamente porque las identidades del sur han servido para reforzar la identidad del proyecto centralista y nacionalista español.

Estas han servido para construir la identidad madrileña, por lo que no han tenido que reclamarla ni reivindicarla —en detrimento también de la identidad castellana—. Una identidad del sur no ha supuesto ningún desafío para las élites centralistas. A mayor integración de la cultura andaluza en una identidad madrileña o española dominante, hay menor necesidad de reivindicar una identidad o de mantener instituciones identitarias propias.

Esta teoría es un espejo de lo que pasa en Cataluña, allí las peñas flamencas y casas de Andalucía siguen estando vigentes y con una gran representación, justamente porque allí estas identidades sí han sido un desafío para ciertos sectores del nacionalismo catalán más reaccionario —recordemos el apodo peyorativo charnego, ahora reapropiado—. Una diferencia significativa es que los hijos nacidos de andaluces, extremeños u otros migrantes en Madrid no recibieron un apodo de carácter clasista y racista.

Estas comunidades se desarrollaron en un contexto de mayor tensión social, atravesado por discursos excluyentes sobre la catalanidad. Esto ha generado una respuesta reactiva de los hijos y nietos de andaluces y de afirmación de sus raíces que hacen que estas entidades culturales sigan estando presentes.

La ruptura intergeneracional viene también por la incapacidad de las peñas de conectar con las nuevas generaciones a pesar de sus intentos por modernizarse con las redes sociales; aquí también hay una brecha digital.

Los nuevos proyectos flamencos suelen comunicarse en dinámicas más comerciales alejados de la comunidad. La cuestión clave es que los hijos de los que nacieron en las peñas no han hecho de bisagra digital, comunicativa, afectiva y musical hacia las nuevas generaciones, por lo que es más difícil conectar con estas nuevas hornadas de aficionados.

Algunos de estos espacios mantienen códigos que pueden resultar ajenos a una generación con otras sensibilidades. Por otra parte, creo que las nuevas generaciones no están sabiendo ver algo que forma parte inmaterial de su cultura y el cariño con el que hacen las cosas los más mayores. Todas esas brechas pueden estar provocando una lectura errónea que interpreten que éstos no puedan ser espacios inclusivos o con sesgos ideológicos progresistas (cuando sabemos que muchas de las peñas flamencas homenajean a los cantaores republicanos o relacionados con las luchas de las libertades tras la Guerra Civil).

El divulgador flamenco y director del podcast “El Café de Silverio”, Pedro Lopeh, apunta entre las causas de la desaparición de las peñas flamencas que “los hábitos de consumo han cambiado”; enfatiza que “las formas de acercarse al flamenco se generan hoy por otras vías, más comerciales, que por las del asociacionismo”.

El extremeño hace una reflexión sobre la falta de relevo generacional en las localidades pequeñas o pueblos: “no hay jóvenes escuchando cante y si los hay no son suficientes como para poder organizarse”. También añade que las “peñas requieren un trabajo militante”. La problemática de los locales y las licencias también supone otro de los grandes escollos a la hora de poder desarrollar una peña.

Finalmente, las peñas flamencas madrileñas no pueden entenderse únicamente como lugares donde se cantaba flamenco, sino como espacios de encuentro entre la migración del eje sur de España, de sociabilidad, aprendizaje y transmisión cultural levantados por una generación que encontró en ellos una forma de reconstruir comunidad y entornos seguros lejos de sus lugares de origen.

Su progresiva minorización implica también la pérdida de una memoria obrera y vecinal que difícilmente puede ser sustituida por los nuevos circuitos profesionales y comerciales del flamenco.

Es también una forma de reconocer un patrimonio cultural inmaterial que ha formado parte de la construcción contemporánea de Madrid, afianzando la ciudad como la tercera en importancia dentro de las tres que impulsaron el flamenco junto con Sevilla y Cádiz. Si no se consigue establecer nuevos vínculos, nadie reclamará esa herencia cultural y las peñas flamencas correrán el riesgo de desaparecer junto a sus últimos protagonistas.

AL CANTE, TOQUE Y BAILE

ANTONIO BENAMARGO – PEPE «EL MALAGUEÑO» – JOSÉ DEL RÍO ANTONIO FERNÁNDEZ – LUISITA DE HUELVA – ELVIRA ALBERTO ALCLORIA – YOLANDA MARTÍNEZ – EMILIA

2º Aniversario de la Asociación Cultural del Cante de Vallecas Villa
Primer Festival de Cante de Peñas y Entidades Flamencas de Vallecas Villa (1996)
Homenaje a Enrique Morente de la Peña Flamenca Los Cabales.
Homenaje a Carruno de la Peña Emi Bonilla
Homenaje al gran bailarin Jose Chavel
3 Festival de Cante, Baile y Guitarra Villa Vallecas de Peñas y Entidades Flamencas (1998)
HOMENAJE A

Salako de Córdoba SALAKO DE CÓRDOBA

Portada de Salako de Córdoba
Portada con vídeo de YouTube
Portada de Salako de Córdoba
Portada con vídeo de YouTube
Fiesta Extrmela
El río, novio y amante
Camionero de mi España
Portada con vídeo de YouTube
Portada con vídeo de YouTube
Sevillanas del Atleti
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El patio de los naranjos
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Portada con reproductor de Spotify
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Salako Saetas
Portada de Salako de Córdoba
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Éxitos
Portada de Salako de Córdoba
Portada de Salako de Córdoba
Genealogía
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Salako: cante jondo, folclore y tablas de madera

Salako de Córdoba, nombre artístico de Joaquín Arcos Barranco (Moriles, 1946), fue un cantaor cordobés que desde niño era conocido por cantar para sus amigos y vecinos. Cuando tenía 12 años, La Niña de Antequera lo escuchó durante una actuación y quiso incorporarlo a su espectáculo. Su padre, al enterarse, lo mandó a coger sarmientos al lagar de Ávila.

En 1962, con dieciséis años, ganó el concurso de cante en el Alcázar Viejo de Córdoba, y años más tarde, en 1970, se incorporó a una compañía de variedades, donde adoptó el nombre artístico de Salako.

Compañero de cartel

Su debut en Madrid fue de la mano de Rafael Farina en 1971; la prensa local lo recibió como una gran promesa del cante flamenco. En 1972 fue contratado por Antonio Molina para una gira por toda España, y en 1973 triunfó en Francia en una gira junto al propio Molina, El Lebrijano, Pansequito y el ballet de arte español TUPE. Aquellos años consolidaron su presencia en los circuitos populares y flamencos de la época.

Durante la segunda mitad de los años setenta, Salako formó parte de compañías y espectáculos de gran proyección. En 1975 integró la compañía de Manolo Escobar, junto a Conchita Bautista, Angelita Font, María Jesús y su Acordeón y la orquesta valenciana Estrellas del Sur. En 1976 montó un grupo rumbero y compartió galas con artistas como Rumba Tres, Rocío Jurado, Al Bano, Lola Flores, Marifé de Triana y Juanito Valderrama. En 1977, la vedette y empresaria Manolita Chen le produjo el espectáculo El León Rojo, compuesto por una veintena de vedettes, tres parejas de cómicos y con Salako como figura estelar.

Volviendo a lo jondo

También se dejaba ver por muchas de las peñas flamencas, patios y corrillos del cinturón obrero de Madrid junto a otros grandes del flamenco. En esta época de ebullición se inauguró en 1970 en su honor la Peña Flamenca de Salako de Córdoba en Villa de Vallecas, la cual estuvo activa hasta principios de los años 2000.

En los años ochenta continuó vinculado al cante jondo y a los grandes festivales, compartiendo cartel con figuras como Fosforito, El Cabrero, Luis de Córdoba, El Turronero y José Mercé. En 1984, la empresa Pepe Casas le montó un espectáculo en el Teatro Calderón de Madrid. En 1986, en San Antonio de la Florida, en la zona de Moncloa, participó en un festival de cante jondo junto a Fosforito y José Mercé, con Enrique de Melchor y Pucherote a la guitarra.

El legado del morilense

A lo largo de su carrera publicó al menos doce discos y varios trabajos más cortos. Aunque era muy respetado por otros artistas y por los aficionados, no alcanzó un gran éxito comercial masivo. Aun así, consiguió vivir de la música en una época en la que ser un cantaor bisexual presentaba dificultades añadidas y techos de cristal difíciles de romper.

Salako de Córdoba fue un artista que trabajó el flamenco desde la base, pasando por compañías, giras, teatros y tabernas. Su estilo abarcó desde el flamenco más puro hasta la copla y la rumba. Murió en julio de 2024, dejando el recuerdo de un cantaor que se hizo a sí mismo y que estuvo siempre muy unido a las raíces de Córdoba y Vallecas.

La Peña Flamenca Salako de Córdoba Un espacio para el cante, el encuentro y la diversidad

La Peña Flamenca Salako de Córdoba fue fundada en 1970 en el barrio de Villa de Vallecas, fue una entidad dedicada al cantaor de Moriles y estuvo vinculada al ecosistema de peñas que sostuvo el flamenco popular del Madrid durante la segunda mitad del siglo XX.

El cantaor tuvo una gran vinculación con esta peña, ya que sus dinamizadores también eran amigos cercanos. Participó activamente en sus festivales y eventos como la Feria de Andalucía de Madrid en 1989 celebrada en la Casa de Campo.

Fue una peña refugio para personas que no cumplían con los estándares de la heterosexualidad de la época, Manolo "El Joyero", Fermín, o el propio Salako eran parte activa de esta comunidad. Encontraron aquí un espacio seguro donde poder invitar y reunir a sus amistades fuera de los entornos patriarcalizados que a veces suponían algunas peñas flamencas.

Era una de las peñas donde había espacio para el folclore. Dentro de sus liturgias eran cantar una salve rociera como cierre al evento de la peña. Tuvo varias sedes como el Bar Jaro en la calle Manuel Velez, otra en la calle Congosto y su última sede en un local en la calle Puerto de las Pilas.

Tras la salida de los miembros fundacionales (además de Salako) debido al retorno a sus pueblos de origen en Andalucía, la nueva directiva se desligó del artista y renombró la peña flamenca como "La Seguiriya", pero su actividad cesaría finalmente en 2005.

colabora

Festival del 96
Festival de Orusco del año 2000
Filo de los Patios en la Peña Flamenca Plomo y Plata de Linares. Foto por Saturio González.
Del patio de San Antón a los escenarios

Filo de los Patios (Madrid, 1986) se crió en el barrio de San Antón, en Villa de Vallecas. En sus patios y en Las Tres Bodegas se generaba un espacio vivo de reunión flamenca, transitado por figuras como Juan Valderrama, Enrique Morente, Naranjito de Triana, El Chato de la Isla, Salako de Córdoba, Calixto Sánchez o José Meneses, entre otros.

Su primera aparición sobre un escenario tuvo lugar en 1991, con apenas cinco años, en la Peña Flamenca de San Blas-Vicálvaro, la cual estuvo presidida dieciocho años por su padre, Mariano Auñón, también conocido como “Niño de la Alcarria”. A medida que crecía, se convirtió en una voz asidua de peñas flamencas madrileñas como la de Fosforito, Salako de Córdoba, Juanito Valderrama, Chaquetón y muchas otras. Aunque fue en la peña Los Cabales donde más se curtió, frecuentada por sus padrinos flamencos, Carmen Linares y Chaquetón.

Desde entonces, la cantaora ha desarrollado una trayectoria asociada al cante rancio y a la vieja escuela. Ha recorrido escenarios flamencos de gran prestigio como el Ateneo de Madrid, la Sala García Lorca de Madrid, la Plaza de la Corredera de Córdoba, el Centro Conde Duque o el Festival del Cante de las Minas.

Actualmente está afincada en Huelva y cuenta con una trayectoria reconocida con premios de la Federación de Peñas de Málaga, la Federación de Peñas de Granada, la Peña Soleá de Alcalá y, especialmente, con el Melón de Oro del Festival Internacional de Cante Flamenco de Lo Ferro en 2015. Además, es creadora y directora del grupo FlamenQuería y del espectáculo “Las Sinsombrero del 27: el flamenco se hizo leyenda”, una propuesta que reivindica el papel de las mujeres de la Generación del 27.

PEÑA FLAMENCA DUENDE

El bastión del cante jondo en Madrid

 Un grupo de amigos que frecuentaba espacios flamencos como la Peña Chaquetón, el Colegio Mayor San Juan Evangelista o la Peña Fosforito se organizó para fundar la Peña Flamenca Duende en diciembre de 1992 en el Pozo del Tío Raimundo (Vallecas). En estos años la zona sur de la capital estaba deprimida por la crisis de la droga y no solo querían crear un lugar para el cante. Querían generar comunidad y preservar la memoria colectiva de un barrio estrechamente ligado a la migración y su cultura.

Su primera sede fue en el local que el Partido Comunista de España (PCE) les cedió para sus actividades. El actual presidente de la peña, Paco Catalán, comenta que “cuando entrabas en la sede veías dos cuadros, el de Fernanda de Utrera y el de La Pasionaria”. Además añade que en el local “también estaban los carteles de las primeras elecciones del PCE al Congreso de los Diputados”. Después se instalaron en el Centro Cívico del Pozo, pasando por un periodo itinerante de varios locales hasta encontrar uno definitivo en el barrio de Palomeras.

Es la peña flamenca que goza de mejor salud de Madrid, con una buena base de socios y con una programación de cantaores profesionales, junto con la guitarra residente de Pepe Núñez. Realizan actividades como clases de cante o guitarra, tertulias, encuentros, exposiciones, presentaciones de otras disciplinas y forman parte del tejido vecinal colaborando con asociaciones vecinales y fiestas populares.

Con más de treinta años de trayectoria, hoy la Peña Flamenca Duende es el bastión del cante jondo en Madrid. A sus espectáculos no solo va gente del barrio, sino que también acuden personas de todo Madrid. Es una entidad que sigue conservando la esencia de las peñas de antaño y que ha sabido adaptarse a los retos de la contemporaneidad con un gran respeto por el flamenco y su comunidad.

ORGANIZA

Asociación Cultural del Cante de Vallecas Villa

1996 · 2002

ARCHIVO SONORO FLAMENCO

La soleá es uno de los palos fundamentales del flamenco. Pertenece a la familia de las soleares. Es un cante jondo, de compás lento y profundo. Surgió en las clases populares ibéricas y gitanas andaluzas en ciudades como Cádiz, Jerez, Sevilla y Triana durante el siglo XIX.

SALMERÓNSoleá
CUQUITO DE BARBATESoleá por bulerías

La peña que tejió barrio desde el flamenco

Escuela, vecindad y casa de encuentro

La Asociación Cultural del Cante de Vallecas Villa se fundó en el año 1996, fue una de las peñas flamencas de Madrid con más actividad en la segunda mitad de la década de los noventa. Antonio Nájera fue su presidente y principal impulsor, junto con su vicepresidenta y colaboradora Amparo Alegre, el periodista y divulgador flamenco Pedro Sáez de Radio Intercontinental o su guitarrista oficial Juan de Madrid.

La peña se inició en el Bar Rayo, a los meses se instaló en la calle San Juan de la Peña en donde se asentó y profesionalizó dentro de un bar propio. Figuras como Salmerón, Merenguito, Cuquito de Barbarte, La Naty, El Cabrero, Salako de Córdoba o Perico de la Mancha han pasado por su tablao.

Formó parte del tejido asociativo de la localidad con clases de flamenco, festivales anuales, relación con sus socios, aficionados, y creando una red de colaboración entre peñas y cantaores profesionales. La peña funcionó como un lugar de transmisión cultural y vida comunitaria, construyendo una memoria obrera ligada al Pueblo Vallecas de los años 90.

Su desarrollo se vio truncado por el derrumbamiento del local y viviendas colindantes por las obras del Metro de Madrid en 1998. Finalmente se trasladó a Salones Real, realizándose una noche flamenca de forma itinerante. Esto provocó una pérdida de su dinamismo, provocando un paulatino cese de actividad en 2002.

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Responsable y contacto: Joaquín Nájera Cortés, responsable de este formulario de Iberia Sonora. Contacto: info@iberiasonora.com.

Finalidades y base: gestionar, comprobar y responder a tu aportación sobre las peñas flamencas. Al pulsar «Enviar» consientes este tratamiento. Nombre, correo, teléfono y mensaje son obligatorios para tramitarla. La suscripción a la newsletter es independiente, voluntaria y se basa únicamente en la casilla que puedes marcar o dejar sin marcar.

Destinatarios: la aportación se envía al correo de Iberia Sonora. Intervienen los proveedores de alojamiento y correo necesarios para prestar el servicio. Los datos de contacto y el mensaje no se publican automáticamente en la web; cualquier uso editorial posterior deberá acordarse contigo.

Newsletter: solo si la solicitas se guarda tu correo y la constancia de tu elección en el registro privado de suscriptores y se comunica el correo a Mailchimp (The Rocket Science Group LLC, Estados Unidos), para la misma newsletter de Iberia Sonora. No se envían a Mailchimp tu teléfono ni el texto de tu aportación. Este servicio puede implicar transferencias internacionales; puedes consultar las condiciones y garantías en el anexo de tratamiento de datos de Mailchimp.

Conservación: los datos de la aportación se conservan mientras sean necesarios para gestionarla y atender las responsabilidades derivadas. Los de newsletter, mientras mantengas la suscripción; tras la baja podrá conservarse el registro mínimo necesario para respetarla. Se utilizan identificadores técnicos seudonimizados durante un máximo de 15 minutos desde el último intento para limitar abusos y de 24 horas para reconocer reintentos de una misma aportación.

Tus derechos: puedes solicitar acceso, rectificación, supresión, oposición, limitación o portabilidad, cuando proceda, y retirar tu consentimiento escribiendo a info@iberiasonora.com. Retirarlo no afecta al tratamiento anterior. Para dejar la newsletter también puedes usar el enlace de baja de cada correo. Puedes reclamar ante la Agencia Española de Protección de Datos. Este formulario no realiza decisiones automatizadas ni elaboración de perfiles.

TRABAJO REALIZADO POR JOAQUÍN NÁJERA · PUBLICADO EN SEPTIEMBRE DE 2026 · FOTOGRAFÍAS Y GRABACIONES: DERECHOS DE SUS RESPECTIVOS TITULARES · CONSULTAS Y PERMISOS DE USO: INFO@IBERIASONORA.COM · AGRADECIMIENTOS: DANIEL APARICIO (UCM), PEDROH LOPEH, FILO DE LOS PATIOS, SATURIO GONZÁLEZ, JUAN DE MADRID, PEÑA FLAMENCA DUENDE, PEÑA FLAMENCA DE LAS MATAS...

Dedicado a toda una generación que encontró enel flamenco y el folclore una forma de evitarel desarraigo.

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